Los niños son consumistas porque siguen el modelo de sus padres. Al menos, así lo aseguran numerosos estudios y profesionales que acusan a los adultos de dar a sus hijos todo lo que piden y no enseñarles a ser críticos con la publicidad, plagada de anuncios de juguetes, prendas de vestir y avanzados aparatos electrónicos para los infantes. En este sentido, la vocal de la Junta Directiva de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), María del Carmen Molina, confirma que “la Navidad es la peor época debido al impresionante bombardeo de la publicidad” y recuerda que una de las principales consecuencias de ello es el desarrollo de la personalidad consumista en los niños.
Son ellos quienes piden participar en la elección del coche familiar o de complementos para la casa, “de manera que luego -señala Molina- quieren que también se hagan realidad sus peticiones y de forma inmediata”. Los niños no sólo quieren tener de todo sino “tenerlo ya”, por lo que los expertos no se cansan de repetir los riesgos de atender siempre sus demandas. “Si seguimos una línea de actuación con los hijos, les enseñamos una forma de funcionar centrada en exigir siempre, es decir, si cuando son pequeños les compramos todo lo que piden, no entenderán que no lo hagamos cuando son mayores”, advierte la vocal de CEAPA.
Un ejemplo muy claro es la Navidad y la celebración del día de Reyes, cuando los padres animan a sus hijos a escribir en una carta la lista de regalos. Es frecuente que el niño, ante el carácter mágico de los Reyes, pida todo lo que desea. Y también es frecuente que, para que no pierdan ilusión, lo reciban. Pero si esto se produce año tras año, al pequeño que descubra la verdad le costará entender que se dejen de atender sus peticiones. Igual que no comprenderá que Papá Noel le traiga regalos un año y no lo haga al siguiente.
La psicóloga Catalina Rodríguez explica que el consumo tiene su raíz en la satisfacción de necesidades, tanto físicas como emocionales. Pero dice que también es una forma de crear nuestra propia identidad tanto de clase como de grupo. “Todos nuestros comportamientos están mediados por el consumo, no sólo como un comportamiento para la satisfacción individual, sino también para la satisfacción de necesidades que tienen su origen en lo social, en las llamadas necesidades creadas por los medios”, asegura. Además, insiste en que el comportamiento del consumidor deriva del aprendizaje y que esta conducta consumista se mantendrá en función “de los estímulos externos o internos, de la disposición del individuo, de la frecuencia con la que se somete a los estímulos, de la efectividad y lo gratificante de la conducta, de la familiaridad con la situación de comprar y de los patrones cercanos a imitar”. “En los casos de compra compulsiva, que consiste en el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas, es probable que muy poca gente piense que su hijo es un comprador compulsivo, pero no es una situación descabellada”, añade.
Según la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, esta Navidad el consumo nacional de juguetes crecerá por encima del 4% y se adquirirán 3 de cada 4 regalos que se compran a lo largo del año. En total, Los Reyes Magos se gastarán en cada niño una media de 126 euros y concluirán la mejor de sus campañas debido al aumento de la tasa de natalidad y de la población inmigrante con hijos, así como a la mejor situación económica que atraviesan las familias. De una u otra manera, los niños son consumidores directos a una edad cada vez menor y en una gama de productos cada vez más amplia.